Un sacerdote antioqueño lleva una vida de ermitaño en el Líbano

                                               

A raíz de las recientes explosiones registradas en Beirut, capital del Líbano, salió a la luz de nuevo la espiritual historia del sacerdote Darío Escobar, un antioqueño que se hizo ermitaño y vive desde hace unos 19 años en una cueva en un valle de la Qadisha, en el santuario de Nuestra Señora de Hauq de ese país.

Proviene de Medellín, Colombia, y a los 11 años ingresó a un seminario de los Padres Eudistas, y sólo cuando su madre le contó que allí podría jugar futbol, tomó la decisión de ser sacerdote. Es lo único que extraña del mundo exterior, sólo sigue fascinándole esa pasión: el fútbol.

Dejó Colombia para marcharse a Miami, donde enseñó psicología y daba consejos matrimoniales en la parroquia. Fue allí, en Estados Unidos, cuando sintió una voz interior que le dijo que dejara la vida activa para “dedicarse a la meditación de la Palabra de Dios” y seguir la orden católica de los maronitas.

En la ermita hay una capilla, un campanario, una biblioteca con un pequeño escritorio que preside una calavera, un hornillo de gas y una diminuta habitación. En silencio, no se aburre nunca. Dedica 14 horas diarias a la oración, tres a cultivar su huerto, dos a leer vidas de santos o al estudio y cinco a dormir sobre un cilicio, con una piedra como almohada, en una estrecha guarida sin ventanas. FOTOS AQUÍ.

"Sin periódicos, sin teléfono, sin televisión, sin radio y, por supuesto, sin internet ni Facebook". Recibe visita de feligreses y turistas que van a pedirle que ore por algún petitorio o agradecimiento.  

“No podría volver a dormir con almohada y mucho menos sobre un cómodo colchón”, indica el padre Darío, que cuenta que una chica que trabaja en la Cruz Roja, que suele ir a visitarle, le trajo una vez un colchón medicinal porque le dolía la espalda de trabajar en la huerta: “Era tan, tan cómodo que tuve que devolvérselo a los dos días. No nos está permitido”.

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